Terapia de Integración Sensorial (TIS)
INTEGRACIÓN SENSORIAL (IS).
Cuando se habla de Terapia de Integración
Sensorial (TIS), se hace referencia a un enfoque de trabajo dentro de la
terapia ocupacional. En mi caso, como profesional, la utilizo con resultados
excelentes. La misma está fundamentada en
la activación del proceso neurológico, a través del cual, las sensaciones que provienen
de nuestro entorno y de nuestro cuerpo se organizan e interpretan en nuestro
cerebro para generar una respuesta adaptada. Por tanto, la integración
sensorial se define como la capacidad que posee el sistema nervioso central
(S.N.C.) de interpretar y organizar las informaciones captadas por los diversos
órganos sensoriales del cuerpo. Dichas informaciones, recibidas por el cerebro,
son analizadas y utilizadas para permitirnos entrar en contacto con nuestro
ambiente y responder adecuadamente. Comúnmente, no somos cocientes o no prestamos
atención a este proceso de ordenar la
información sensorial, ya que, tienen lugar de forma automática e
inconsciente dentro del sistema nervioso.
Para la mayoría de los niños, la
integración sensorial se desarrolla de forma natural a lo largo de su infancia,
a través de los diferentes estímulos que recibe del entorno. Sin embargo, para
otros niños, el proceso de integración sensorial no se desarrolla de forma
adecuada y en el tiempo correspondiente. En estos casos, se considera que
existe una disfunción en el procesamiento
sensorial. Por tanto es importante buscar ayuda profesional en caso que se
evidencien problemas de aprendizaje, de motricidad, de lenguaje, de comportamiento,
de socialización, entre otros. En el casos de niños pequeños, debe acudirse en
busca de ayuda profesional cuando observe que su bebe no hace lo que le
correspondería en cada mes, como sostener la cabeza, llevar las manos al centro
para tratar de agarrar objetos, voltearse, sentarse, gatear, entre otros.
CARACTERÍSTICAS SENSORIALES
Nuestros sistemas sensoriales
reciben información continuamente, y en función de cómo procesamos las
sensaciones, generamos nuestra interpretación del mundo que nos rodea. A menudo
los estímulos que son agradables para algunas personas, no lo son para otros, y
los que son suaves para algunos, son demasiado fuertes para otros. Esto forma
parte de nuestras características sensoriales, que determinan nuestras
preferencias, gustos, miedos, actividades de ocio, actividades laborales y
todas las acciones a lo largo de nuestra vida.
Cuando las características
sensoriales no interfieren en nuestro desarrollo, significa que estamos integrando
correctamente la información que recibimos de los diferentes sistemas
sensoriales: tenemos un nivel de alerta adecuado para cada situación, podemos
aprender, hacer amistades, movernos de manera coordinada, comunicarnos, socializar.
Pero cuando el cerebro no es capaz de organizar correctamente la información
que recibe a través de uno o más sistemas sensoriales, hablamos de disfunción
en el procesamiento sensorial, y esta alteración puede tener un gran impacto en
las áreas ocupacionales.
Cuando hablamos de sistemas
sensoriales, comúnmente hacemos referencia a los sentidos: gusto, olfato, vista
y oído. Sin embargo existen 3 sistemas sensoriales que aún son más importantes
para que nuestro sistema nervioso central pueda madurar correctamente. Son el sentido
del tacto, del movimiento (vestibular) y de la posición del cuerpo en el
espacio (propioceptivo).
Cuando el niño procesa
correctamente la información procedente de estos 3 sistemas sensoriales, es capaz de
mantener un nivel de alerta adecuado para cada actividad y por tanto puede
aprender y madurar de forma adecuada en todas las áreas del desarrollo.
DISFUNCIÓN EN INTEGRACIÓN SENSORIAL
Cuando nuestro sistema nervioso
central no es capaz de organizar, interpretar e integrar la información que
recibe a través de alguno de los sistemas sensoriales, y esta alteración tiene
un impacto en el desarrollo del niño, hablamos de disfunción en la integración sensorial.
Esta disfunción se presenta
generalmente en niños que no tienen ningún tipo de alteración
neurológica, ni genética, ni del desarrollo, y por tanto
no reciben ningún diagnóstico médico, ni psicológico. Son niños que
asisten a la escuela regular, pero presentan dificultades en algunas áreas
ocupacionales (concentración, aprendizaje, coordinación motriz, conducta,
reacciones emocionales, juego, socialización, lenguaje...). Pueden tener sólo
un área afectada, o más de una. Esta disfunción en la integración sensorial
también se presenta muy frecuentemente en niños que presentan alteraciones
neurológicas. En ambos casos, suceden cuando un niño presenta un procesamiento incorrecto de la información
que recibe del tacto, de su localización corporal en el espacio, del movimiento
o de la gravedad, y / o de los otros sistemas sensoriales.
Cuando existe un desorden en el
procesamiento sensorial pueden surgir una gran variedad de problemas en el
aprendizaje, en el desarrollo motriz, en la capacidad de concentración, en el
lenguaje o en la conducta. Tales como: hiperactividad, dificultades en la lectura
y en la escritura, descoordinación motriz, alteraciones de conducta, problemas
emocionales, alteraciones en el lenguaje, dificultades de aprendizaje
académico, entre otros. La forma de procesar los estímulos sensoriales del
entorno, tiene un gran impacto en nuestras habilidades, sentimientos,
pensamientos y acciones. Es decir, cuando un niño no procesa correctamente los
estímulos sensoriales de su entorno, sus habilidades de desarrollo pueden verse
afectadas.
Cualquier niño puede presentar
estas dificultades de integración sensorial, aunque existen situaciones que
favorecen esta alteración: niños que han vivido en orfanatos, niños prematuros,
niños poco estimulados, niños con problemas neurológicos o genéticos ... Estas
dificultades de procesamiento sensorial (o disfunción en la integración sensorial),
son muy frecuentes entre los niños y también entre los adultos. Son niños que
tienen dificultades para llegar a los niveles de desarrollo esperados para su
edad cronológica, además de presentar reacciones atípicas a ciertos estímulos y
situaciones cotidianas. Los problemas de procesamiento sensorial o de
interpretación de los estímulos sensoriales están relacionados con un mal
funcionamiento neurológico, que no es lo mismo que una lesión neurológica.
Simplemente el cerebro no sabe trabajar de forma funcional, porque no tiene las
habilidades necesarias para integrar la información sensorial. Constantemente
estamos recibiendo estímulos de nuestro entorno, y tenemos que aprender a
interpretarlos de forma correcta, para integrarlos a nivel neurológico y
alcanzar unos niveles de desarrollo óptimos.
TERAPIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL (TIS).
La terapia de integración
sensorial es muy divertida para los niños y se basa fundamentalmente en el juego.
Se lleva a cabo en un espacio muy rico en estímulos sensoriales: vestibulares
(columpios…), propioceptivos (cuerdas, trapecios, elementos de peso…) y
táctiles. No se trata de estimular a los niños en el sentido de darles mucha
información sensorial, sino en trata de enseñarles a ordenar e interpretar
correctamente la información sensorial que reciben en su día a día. El principal objetivo de la terapia es que
el sistema nervioso central procese e integre los estímulos sensoriales de una
manera organizada a través de la realización de actividades que tienen un
significado específico para cada niño. De esta manera potenciamos que el
sistema nervioso central del niño funcione de manera adecuada y emita
respuestas adaptadas durante la sesión de terapia. Cada respuesta adaptada
retroalimenta nuevamente el sistema nervioso, y este hecho potencia la madurez
y las respuestas organizadas, en niveles superiores. Como último objetivo,
aparte de alcanzar una madurez neurológica superior, se trabaja para que el
niño aprenda a interactuar con su entorno, de una manera adaptada,
beneficiándose en todo momento de los estímulos que recibe.
Para que el tratamiento sea exitoso, es necesario que la familia se
involucre en la comprensión de la disfunción. La terapia siempre debe ser
llevada a cabo por profesionales formados en integración sensorial, y nunca
debe ser realizada por los padres ni por los cuidadores del niño. Los
familiares pueden aplicar pautas de la dieta sensorial recomendada por el profesional.
Cuando se observan algunas de
las siguientes características en los niños, podemos pensar que existen
dificultades de procesamiento sensorial, puede ser que sólo existan algunas de
ellas.
·
A nivel
auditivo:
o
Reacciona de forma negativa a los sonidos
fuertes o inesperados, se tapa los oídos con frecuencia ante ruidos.
o
No sabe reconocer de dónde vienen los sonidos.
o
No identifica cuando lo llaman por su nombre.
o
Tiene problemas para comprender las indicaciones
verbales.
o
Utiliza un tono de voz muy elevado.
o
Se distrae ante los sonidos de fondo o cualquier
ruido por suave que sea.
o
Se angustia y se sobreexcita en entornos muy
ruidosos.
·
A nivel
visual:
o
Le molesta mucho la luz, se tapa los ojos
frecuentemente.
o
Tiene dificultades para reconocer los números y
las letras.
o
Se angustia y se sobreexcita en entornos con
mucha gente.
o
Le cuesta encontrar objetos con la mirada.
o
No mira a los ojos (evita el contacto visual).
·
A nivel gustativo
y olfativo:
o
Evita ciertos alimentos que son típicos en la
dieta infantil.
o
Siempre huele los objetos, aunque no sean comida.
o
Le dan asco ciertos alimentos por su textura
(fruta, alimentos que ensucian las manos...).
o
Le producen asco o le molestan determinados
olores fuertes.
o
No tolera los alimentos con trocitos.
o
No se da cuenta cuando un alimento está muy
caliente o muy salado.
o
Le molestan las temperaturas de la comida y lo
quiere siempre todo frío.
·
A nivel
propioceptivo (ubicación corporal en el espacio):
o
Choca contra las personas, objetos o muebles con
frecuencia.
o
Parece más blando que los demás niños.
o
Es muy flexible, flácido, se cansa con facilidad.
o
Tiene un mal control postural, cambia
continuamente de posición.
o
Rompe los juguetes o lápices con frecuencia
(hace mucha fuerza al manipular).
o
No controla su fuerza en los abrazos ni en el
juego.
o
Se le caen las cosas de las manos.
·
A nivel
vestibular (en relación con el movimiento):
o
Se muestra ansioso y miedoso cuando es levantado
del suelo (cuando sus pies se separan del suelo).
o
Le da miedo escalar, saltar, trepar, u otras
actividades motrices.
o
Evita los juegos en el exterior (jugar al
fútbol, carreras, etc.).
o
Es demasiado miedoso, se mueve por el espacio
con inseguridad (le da miedo subir o bajar escaleras, el tobogán, los columpios
del parque ...).
o
Siempre busca el movimiento, no puede parar de
moverse.
o
Es demasiado arriesgado, valiente, no teme por
su seguridad.
o
Siempre se mueve a grandes velocidades.
o
Siempre tiene pilas, no se cansa nunca.
o
Le cuesta dormir y se despierta muy pronto,
siempre está a punto para todo lo que sea actividad.
·
A nivel
táctil:
o No le gustan los juegos sucios o con
manipulación de elementos como barro, plastilina, pintura de dedos ...
o Es sensible a determinadas prendas de ropa (no
le gustan por su textura), le molestan las etiquetas, los calcetines ...
o
Siempre está tocando a las personas y los
objetos, buscando el contacto físico.
o
Se irrita o se pone agresivo ante la proximidad
con otras personas, o cuando alguien lo toca accidentalmente.
o
No le gusta andar descalzo, sobre la arena,
sobre el césped ...
o
Es insensible al dolor, no se queja aunque la
herida sea importante.
o
Camina de puntillas.
o
Se pelea frecuentemente, empuja con frecuencia a
otros niños.
o
No es consciente cuando tiene las manos sucias,
cuando tiene saliva en la boca, cuando tiene mocos en la nariz ...
o
No es consciente si tiene la ropa interior sucia.
o
Le molesta mucho que le corten las uñas, el
pelo, que le saquen los mocos ...
o
Le cuesta esperar en la fila con sus compañeros.




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